Road trip Zaldierna - Día 1 Parte 2
A veces fiarnos de la tecnología nos puede poner en situaciones un poquito complicadas.
Según el GPS podía meterme con el coche hasta la puerta misma del complejo de apartamentos donde me hospedaba. Claro, que esto era así si ibas en un todoterreno y entrabas al pueblo atravesando la montaña y, por supuesto, no era mi caso. Algo de lo que me di cuenta cuando ya estaba metida con el coche en una calle como el coche de ancha y sin salida.
Las calles en Zaldierna eran pequeñas, dos personas una al lado de otra no podrían caminar por la mayoría de las calles, así que me tocó sacar el coche marcha atrás y rezando por no rozarlo ya que era de alquiler y perder la fianza no entraba en mi presupuesto.
Una vez instalada en el apartamento decidí salir a dar una vuelta de reconocimiento por los alrededores de la aldea con el coche. ¡¡Me encontré con una pareja de apicultores!! Y estuve charlando con ellos. Sé que es una tontería pero verlos con el traje puesto cargando paneles y rodeados de abejas me resultó muy acogedor.
Como era tarde y quedaban a penas dos horas de sol aparqué el coche en un lado de la carretera a unos 2 kilometros de Zaldierna y seguir andando un camino forestal.
Cuando bajaba dirección al coche me crucé con un pastor que estaba subiendo una vacada y me vi, de pronto, rodeada de vacas. Estaba tan maravillada de lo bonitas y peludas que eran que no fue hasta que el pastor me preguntó «¿no te dan miedo?» que me plantee que lo que tenía a 5 cm de distancia eran animales enormes con cuernos aún más enormes y que igual algo de miedo sí debía tener. Pero la verdad es que no, en mis varios encuentros esos días con estos bellos animales ni una sola vez tuve miedo.
Se había hecho de noche, así que volví al apartamento, preparé una sopa, encendí la chimenea y me senté a escribir sobre todos los sentimientos que había experimentado ese día. Y Dios, qué feliz había sido.
Según el GPS podía meterme con el coche hasta la puerta misma del complejo de apartamentos donde me hospedaba. Claro, que esto era así si ibas en un todoterreno y entrabas al pueblo atravesando la montaña y, por supuesto, no era mi caso. Algo de lo que me di cuenta cuando ya estaba metida con el coche en una calle como el coche de ancha y sin salida.
Las calles en Zaldierna eran pequeñas, dos personas una al lado de otra no podrían caminar por la mayoría de las calles, así que me tocó sacar el coche marcha atrás y rezando por no rozarlo ya que era de alquiler y perder la fianza no entraba en mi presupuesto.
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| Otra cosa no, pero optimistas un rato 😂 |
Una vez instalada en el apartamento decidí salir a dar una vuelta de reconocimiento por los alrededores de la aldea con el coche. ¡¡Me encontré con una pareja de apicultores!! Y estuve charlando con ellos. Sé que es una tontería pero verlos con el traje puesto cargando paneles y rodeados de abejas me resultó muy acogedor.
Como era tarde y quedaban a penas dos horas de sol aparqué el coche en un lado de la carretera a unos 2 kilometros de Zaldierna y seguir andando un camino forestal.
Cuando bajaba dirección al coche me crucé con un pastor que estaba subiendo una vacada y me vi, de pronto, rodeada de vacas. Estaba tan maravillada de lo bonitas y peludas que eran que no fue hasta que el pastor me preguntó «¿no te dan miedo?» que me plantee que lo que tenía a 5 cm de distancia eran animales enormes con cuernos aún más enormes y que igual algo de miedo sí debía tener. Pero la verdad es que no, en mis varios encuentros esos días con estos bellos animales ni una sola vez tuve miedo.
Se había hecho de noche, así que volví al apartamento, preparé una sopa, encendí la chimenea y me senté a escribir sobre todos los sentimientos que había experimentado ese día. Y Dios, qué feliz había sido.
| Por favor, no me juzguéis mucho jajajajaja |




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